1. La atmósfera: Apagar la luz grande del techo y encender una lámpara de mesita o flexo que ilumine el libro, y dejar el resto de la habitación a oscuras. Así lo introducimos en una atmósfera que puede tener algo de mágico: el único mundo visible es el que despliega el libro y la imaginación.
2.El entusiasmo: No tratemos la lectura al niño como un engorroso trámite, echémosle ganas: voz fuerte, segura, convincente. Es inútil leerle a un niño con desgana o mecánicamente. Si se dan cuenta que a nosotros no nos interesa, ellos se van a desinteresar al minuto.
3. Teatralizar: Les hace la lectura mucho mas amena. En los diálogos, haga voces distintas para cada personaje; eso les encanta.
4. Retocar: No tengamos el más mínimo complejo de alterar palabras del texto. A menudo los autores han olvidado cuál es el registro idiomático de un niño de 3, 4 ó 5 años y se empeñan en lucirse con palabras innecesariamente complejas. Si hay palabras cuyo significado desconocen, pierden hilo, y si hay que pararse a explicárselas, desbaratamos el ritmo. Es muy conveniente que nuestros ojos vayan tres o cuatro palabras por delante de nuestra dicción para darnos tiempo a detectar cuando un autor se empeña en llamar antiparras a las gafas o cerro a una pequeña montaña, y cambiar estas palabras sobre la marcha.
5. Modas: ¡Ojo con las modas políticamente correctas!, como la actual ola de libros concienciados sobre interculturalidad, racismo, actitud hacia los inmigrantes o los discapacitados. Les aburren profundamente. Antes de ir a dormir lo que quieren es que les cuenten historias, aventuras, peripecias…, ¿a usted le gustaría que le dieran lecciones de urbanidad a las nueve de la noche?.
6. Comics: Muchos niños de 4,5 y 6 años no tragan los libros tipo Paquito va al supermercado o Laurita colecciona flores. Quieren historias con planteamiento, nudo y desenlace que tengan acción. Si no encuentran libros así, eche mano, resumiendo diálogos, de cómics antiguos (ojo, porque las nuevas series son sombrías, para adultos, nada que ver con las ingenuas historias editadas en los años 70) de Superman, Spíderman, Batman, Tarzán… ¡el Hombre Enmascarado les encanta!. También se pueden recuperar historietas de ediciones B: Zipi y Zape o Anacleto por ejemplo. No despreciemos el cómic: en adolescentes puede ser ese eslabón perdido entre la lectura escolar y la lectura adulta.
7. Clásicos, a su tiempo: Los cuentos de Andersen o los Hermanos Grima tienen mucha calidad literaria y serían muy eficaces con los niños del siglo XIX, pero en el siglo XXI están alejados del mundo, los conceptos y el lenguaje de nuestros hijos. Y muchos son exageradamente trágicos. No hay que ocultar a los niños que la vida tiene sus tragedias, pero tampoco se trata de leerles cada noche un dramón lacrimógeno. También es conveniente huir de esa moda de los libros de poesía a los que poniendo cuatro dibujos creen haber convertido en lecturas para niños. No hay que correr sin saber andar. Leer a Marti Pol con 40 años puede ser un placer, con 5 es un martirio.
8. Apretar sin ahogar: Habrá días que estará cansado, poco atento, nervioso y no tenga ganas de leer…, ¡pues mañana será otro día!. Al día siguiente le recordaremos que tenemos una maravillosa historia que contarle. Hay que hacer de la lectura diaria un hábito, pero no una obligación.
9. Librerías: Deberíamos incluirlas en los paseos lúdicos. No debemos obligarles a coger los libros: que miren, que vean, que pululen. La fruta cae cuando está madura, y las librería están llenas de fruta fresca.
10. Regala libros: La moda de los cumpleaños infantiles en que cada niño lleva un pequeño obsequio llena las casas del celebrante de pequeños cachivaches… ¡casi nadie compra libros!. El próximo cumpleaños al que acuda vuestro hijo, que regale un libro bien atractivo, que lo escoja él, y así él se acostumbrará a entrar en las librerías y ayudaremos a que todos los niños vean que los libros forman parte de los premios, no de los castigos.
Librería Malleira